Decimoquinto Arpegios de luz. El sol hacia brillar de negro el horizonte, y como un simbionte, resonaban sus notas sobre su cuerpo, que la atravesaba y teñía de verde el manto aterciopelado sobre el que se sentaba. Con su mirada, admiraba cómo el sol era egoísta. Llevándose la luz que en origen trajo y dejándonos secas trazas de alhumajo, de aquel paisaje que escogió de forma deliberada.