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Decimoquinto

Decimoquinto

Arpegios de luz.

El sol hacia brillar de negro el horizonte,
y como un simbionte,
resonaban sus notas sobre su cuerpo,
que la atravesaba y teñía de verde
el manto aterciopelado sobre el que se sentaba.

Con su mirada,
admiraba cómo el sol era egoísta.
Llevándose la luz que en origen trajo
y dejándonos secas trazas de alhumajo,
de aquel paisaje que escogió
de forma deliberada.

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