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Octavo

Octavo

Me encuentro saturado. Pierdo el tiempo porque invertirlo me sale caro. ¿Y qué hago cuando pierdo el tiempo? La mayor parte de ese tiempo no hago nada, y realmente es complicado no hacer absolutamente nada. En cierto modo, esta sensación de "abruma" se debe ante la perspectiva que tengo sobre mi presente y futuro. Y, creo que está acentuado por la sensación de soledad. Entended soledad no en el sentido de soledad física, sino en el sentido intelectual; puesto que nadie, nadie, comparte mi problemática y aflicciones. Sin irme por las ramas, siento que pierdo el tiempo porque todo lo que hago, y lo que hacéis, y lo que todo el mundo hace, no sirve para nada.

Te obligan a estudiar, para que luego decidas si seguir estudiando o trabajar, y luego, oscilar en esa tesitura para entrar en un mercado laboral. Este terrorífico lugar te convierte en un número, ya dejas de ser una persona, con una familia, una vida, unos gustos y demás. Eres un número. Me vienen añoranzas mientras escribo esto de cómo era de pequeño: frágil, ingénuo, ilusionado... Ahora también lo soy, y supongo que vosotros también. Pero, estas características han cambiado, sus matices han sufrido una radical metamorfosis. Nuestras fragilidades, ya no son morales, sino debilidades reales. Nuestra ingenuidad, ya no es producto del desconocimiento, sino del miedo a querer saber. Y nuestras ilusiones... Ay, cómo escasean, sobre todo las vanales. Todas las de la infancia se sustituyeron por ambiciones.

¿Y qué pasa? Seguramente esa sea vuestra pregunta, al menos, de algunos cuantos que leáis hasta aquí. Pues, que el ser humano debe su existencia a la trascendencia, a dejar huella. Pero, ¿cómo vamos a dejar huella? Ahora las redes sociales lo frivolizan todo en el ámbito emocional. Aplicaciones de "contactos" donde una persona queda limitada a un "me gusta" o un "no me gusta". Otras redes sociales te limitan a un like o un compartir una publicación, que, realmente, es una proyección superficial de nosotros, mera apariencia. Los hechos son sustituídos por palabras e imágenes que se comparten. Antes de cualquier red social, y en mi infancia fui testigo, un te quiero se decía en persona, y ello poseía un valor indescriptible. Ahora, un te quiero se teclea en pocos segundos, aunque escritos son más largos que verbalizados, pero que tienen un impacto mucho menor, se olvida, se queda en el "caché" emocional y virtual. Me referí al mercado laboral como una alegoría, o una metáfora a lo que hoy hacemos con las personas, deshumanizar. Sí, somos unos hijos de puta (aunque sin esa connotación para nuestras queridas madres), porque a una persona la clasificamos según lo que nos pueda aportar. Muchas otras personas dedicarán su vida a conocer gente para ascender socialmente (aunque no estoy seguro de que lo consigan) o a satisfacer sus intereses superficiales. Detrás de una foto de una chica que aparece semidesnuda, la gente cree que ve cosas que no son (por poner un ejemplo). Y detrás de un texto, como este, o como cualquiera, que cualquier persona pueda escribir, se recibe la ignorancia. Repito el término, ignorancia. Porque parece que tenemos miedo a adentrarnos en la mente de una persona, aunque realmente sublime como "tener pereza". Pereza a qué, ¿a conocer a alguien? Venga, venga... Después, toda esta escoria superficial se queja de su soledad (física, porque el otro tipo de soledad no la padecen, hay muchos y muchas de su condición). Perdonad mi alteración, pero me duele. Me duele mucho la gente de valor incalculable que resulta ignorada por ese afán egoista de la sociedad. Y me duele que mucha gente se corrompa, como se corrompe el sistema económico capitalista, por tal de no quedarse apartada de la masa, o porque simplemente es arrastrada por la corriente.

A mi, muchas veces me cuestiono mis principios, pues a veces caigo en aquello que critico. Pero, en esencia, nunca seré como la gente que describí. Me niego a perder mi entidad única, algo que seguramente todos tuvimos, en la infancia.

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