Decimocuarto
Es una noche de preguntas retóricas:
¿Por qué a mí?
No entiendo qué hice mal,
o qué no hice...
¿Por qué nadie me escucha?
No sé si se debe, tal vez,
a que mi corazón habla otro idioma.
¿Por qué no tendré memoria de pez?
Para olvidar mi existencia...
Y su aroma.
Esto es el paradigma de mi destrucción.
Y de todos.
La solución es sencilla, dejar de cuestionarse, dejar de cuestionar.
Estamos cómodos en la ignorancia,
pero queremos saber lo que nos duele
y sabemos que ese conocimiento dolerá más
que el dolor que ya nos hiere.
Y, tememos ser nosotros la respuesta.
Porque, ¿seremos nosotros la respuesta?
Es una noche de preguntas retóricas:
¿Por qué a mí?
No entiendo qué hice mal,
o qué no hice...
¿Por qué nadie me escucha?
No sé si se debe, tal vez,
a que mi corazón habla otro idioma.
¿Por qué no tendré memoria de pez?
Para olvidar mi existencia...
Y su aroma.
Esto es el paradigma de mi destrucción.
Y de todos.
La solución es sencilla, dejar de cuestionarse, dejar de cuestionar.
Estamos cómodos en la ignorancia,
pero queremos saber lo que nos duele
y sabemos que ese conocimiento dolerá más
que el dolor que ya nos hiere.
Y, tememos ser nosotros la respuesta.
Porque, ¿seremos nosotros la respuesta?
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