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Decimosexto

Decimosexto

Heridas. En abstracto, puede considerarse como un arrasamiento de átomos que pertenecen a nuestro sistema molecular, nuestra materia, nuestro ser. Pero, curioso es que más dolorosas son aquellas que no son físicas, me explico: las heridas del alma, producidas por diversas causas (que todos sabemos) entre las personas suelen ser más duraderas e intensas que las físicas, tanto que incluso pueden hacernos caer en enfermedades mentales que afecten a nuestro cuerpo.

Bien pues, no vine hoy para hablar exactamente de esto sino de algo relacionado. Durante estas semanas tuve la triste posibilidad de adentrarme en los problemas de los demás. La adjetivo de triste porque, sin excepciones, cada una de las personas que confiaban sus pensamientos, gustos y experiencias, compartían miedos, problemas, malas experiencias... En esencia, cosas que les hacían daño. Y es curioso, la imagen que da cada persona con lo que es realmente. Obviando aquellas personas que cambian su personalidad totalmente, para adaptarse a una persona y adquirir popularidad o favores, encuentras grandes cambios. Aquellas personas que supuestamente parecen más libres son las más presas de sus aspiraciones y frustraciones.

Hay casos, mucho más exagerados, en los que ese cambio de careta es un escudo, que más feliz y despreocupado será cuando más profunda sea la casuística que les aflija. En cierto modo, siempre que pienso en esto siento un gran vacío que me impide expresar lo que pienso, ya no solo por ponerte en la piel de una persona. Pero, llevando a cabo un verdadero trabajo, interiorizando las circunstancias de tal persona, las consecuencias de actuar o no actuar, el esfuerzo que debe hacer por ocultar eso... Porque, aquí un doble inciso: ponerse en la piel de alguien no significa sentir la típica condolencia y compasión que te impulsa a decirle a una persona lo siento. Es, como si pidieras perdón por sentir una compasión que no sientes, una compasión que cree la otra persona que sientes y que le hace sentir culpable. Es decir, como que la otra persona se ve en esa situación más vulnerable porque es vista por ti con ojos de pena y pasotismo a la vez. El segundo inciso, una persona que confía tus problemas no necesita obligatoriamente que te compadezcas, sólo quiere no sentir soledad y vulnerabilidad, y lo que más le importa es ser escuchada y que seas cómplice de su confesión. En fin, esto es algo bastante complicado que solo se produce (por desgracia) cuando alguien confía un problema a otra persona que sufrió el mismo. Pero, como somos tan egoístas, es cuestión de tiempo de caer en el "pues yo más".

Volviendo del inciso y concluyendo con el tema, no me quiero hacer víctima de la empatía porque comprendo a todo el mundo. Mentiría si dijera eso. Precisamente lo que me aflige es ver que esto ocurre con todo el mundo y nadie puede hacer nada. Lo peor de todo, y en parte tiene relación con otras entradas de este blog, es que esta situación es propiciada no solo por la sociedad en la que estamos, que nos inculcan unos ideales y valores que trascienden al individualismo y deja el altruismo como algo obsoleto e imposible, sino también porque hay quien hace daño a propósito; aunque a veces sea por accidente, en el fondo se sabe en qué se ha errado para herir a alguien. Con todo esto, sólo quiero decir que nadie es tan bueno ni nadie es tan malo, quiero decir, que el maniqueísmo es lo que verdaderamente está obsoleto, la vida no es dogmática en cuanto al bien y el mal. Y que es esencial pensar en las consecuencias de nuestros actos. Que tenemos que pensar en nosotros mismos, por supuesto, pero sin herir a los demás. 

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