Me encuentro sumergido en una sensación terrorífica ante la nada que me espera. Porque, ¿qué nos espera? Es una pregunta, que de otra manera formulada, es afrontada por los grandes filósofos y, es objeto del existencialismo. Lo cierto es que el futuro es incierto y, actualmente, hemos añadido tantas variables en nuestra vida (trabajo, familia, salud, leyes, cultura...) que, aunque la embellecen, a su vez la complican. Y esta complicación hace que predecir nuestro devenir o, nuestro "destino predilecto" (sea esto como nuestra pasión, nuestro objetivo a perseguir) sea aún más complicado. Vivimos tan inmersos en los convencialismos y nos han enseñado tan bien a dejarnos llevar por la corriente (incluso aquella que va en contra de las corrientes) que ya es una cuestión que escapa a nuestra perspectiva y, por pereza, no la abarcamos en nuestras expectativas.
Pero... No sé, si alguna vez os habéis planteado en qué lugar de la sociedad os encontrais, y cómo es vuestra relación con vuestra familia y cercanos, y qué posibilidades tienes de tomar decisiones de tu futuro en tu presente. Si, habéis analizado en totalidad la abrumadora inmensidad del vacío del futuro, aun sin escribir, tal vez me lleguéis a comprender. Siento si sueno demasiado divagante pero es algo que no puedo controlar ni abarcar, aunque me afecta en primer plano. La cuestión es, que suena a pesadilla encontrarse con un futuro que no deseamos y que no hemos podido evitar. A esto ya le quiero sumar el medio ambiente, el planeta y nuestro universo. A veces, encuentro una clara relación con el Principio de Entropía formulado en la física y la vida. Por si desconocéis el término, versa sobre el trabajo realizado que se disipa, en otras palabras, no invertimos eficientemente nuestra energía para realizar un trabajo. Por consecuencia, esta energía desperdiciada se esparce (en forma de calor, u otras magnitudes relacionadas). Así, se ejemplariza el humo del cigarro que se esparce por el ambiente y nunca vuelve al cigarro. De tal modo ocurre con la vida, nos alejamos, independizamos y, hasta cierto punto, nos hacemos ermitaños en nuestros hogares con el paso del tiempo. Las culturas, perfectamente sólidas en antaño, ahora se diversifican y se diluyen, mezclándose unas con otras y creando así desconcertantes problemas de identidad cultural para algunas personas.
En esencia, siempre temo a lo establecido, a lo determinado e inalterable, a lo que respecta una relación social. Pero, no sé si será producto de mi educación y póstuma apertura de mente, que me aterra que eso que temo en lo social se extrapole a lo demás. Es ese pensar que estamos solos (dejando a parte la religión), o al revés, pensar que no estamos solos. Yo creo que todo al final se resume en el desconocimiento puro lo que verdaderamente me aterra. Mi mayor problema es que, ansioso de conocer me doy cuenta cada vez más de todo lo que desconozco y que me resulta imposible conocer dados mis recursos. Tal y como dijo Sócrates: "Solo sé que no se nada". Y, como dijo el poeta y filósofo italiano Giacomo Leopardi: "La felicidad está en la ignorancia de la verdad". Y no en el desconocimiento, quede claro. Sino en ser consciente de que no sabes nada porque no quieres saberlo, y vivir con ello. Eso, es simplificar mucho la vida. El problema que da como consecuencia es que, eso es lo que hace más del 70% del planeta (casi con seguridad). Y, en esencia, es acelerar nuestra autodestrucción. Y, pensar en lo difícil que resulta cambiar las cosas ante la ignorancia humana (y la estupidez)... Que me abruma. Es como si fueras el único que sabe que la Tierra nu es plana, y nadie quiere saberlo o no le interesa.
Pues eso, pesadillas.
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