Undécimo
Hoy me ha invadido la nostalgia sobre aquellos momentos, de ignorancia, en los que vivía en mi no tan lejana adolescencia. Cuando entonces, qué dulce aroma tenían los segundos, que transcurrían a lo largo del día. Qué ansioso estaba por experimentar cosas de la vida. Ahora he frenado, porque ahora el tiempo sabe agrio, más que el limón rancio tras el tequila de marca blanca. Me dejaré de metáforas para exponer este cambio, pues no quiero que la pesadez adquiera matices más oscuros de los que ya tiene. Ahora tengo miedo a avanzar, al igual que siento desgana; porque hay cosas que añoro, cosas que nunca más volverán. Cosas que, por ley de vida, han sido sustituidas por otras. Y, repetir el mismo proceso de aprendizaje con todo lo nuevo que llega, para poder entenderlo, es realmente agotador. Más si cabe cuando cada experiencia fue menos grata que la anterior.
Es aquí cuando me refiero - y todos lo hemos sufrido - al progresivo despertar que hacemos para ver la realidad misma. Cosas que aparentemente son lo mismo, pero que en los ojos de nuestro ayer eran totalmente diferentes a como las vemos ahora. Y, como cabe de esperar, no nos gusta. No me quiero referir a nada en concreto, pues la discriminación de experiencias es odiosa en estos casos. Yo voy por algo más abstracto, como la interpretación personal de una obra de arte conceptual contemporánea. El caso es que, algo vimos como cambiaba (o alguien) y nos disgustó. Aquí, si seguís mi blog, encontraréis considerables similitudes con una entrada de días - o meses, no sé - atrás. Pues, es la pesadez que ello provoca, y ya nombrada antes, lo que me obliga a frenarme, además de que también freno por voluntad. Es decir, yo trato de alejarme de las cosas que hacen que mi vida avance porque ya me encuentro demasiado saturado de asimilar mis experiencias. Desconozco si ello os hace sentiros identificado/as - y realmente espero que no, porque te hace ser una persona vaga, impasible; y a fin de cuentas, ausente -. Además, que la absurda necesidad de las redes sociales y de los medios de comunicación en inculcarnos una felicidad permanente, - que por cierto, está construida a base de mentiras y cosas tan superficiales como efímeras - sirve como catalizador para acelerar la ansiedad y pesadez (de nuevo) que sufro. Es por todo ello, y la negra perspectiva que tengo sobre el futuro de mi generación. Carente de valores, metas y motivos en general por los que aprender.
Pero, si el mundo se cae a trozos, y lo que nos aferra a seguir luchando se derrite en nuestras manos... ¿Qué nos queda?
PD: Tal vez esta sea de mis publicaciones más caóticas y titubeantes, pero no sabía como exponer lo aquí escrito.
Comentarios
Publicar un comentario