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Tercero.

Tercero
El joven mira al futuro cada día
para saber hasta donde llegaría.
El anciano, sin embargo, mira al pasado
para saber hasta donde ha llegado.

Pero éste deja de ver el tiempo, eterno,
cuando sus ojos se posan en la flecha de cupido
ya sea en primavera, verano, otoño o invierno.
Éste, afligido, sangra amor por la flecha hiriente.
Mas su dolor sana si otro alma bebe el preciado líquido,
dorado, a veces gris y otras transparente.

Sin embargo, si nadie bebe de la herida
el herido (enamorado) ve su tragedia.
Tragedia que fustiga frígida
mañana y siempre, noche y día.

¿Qué pasó, pues, con el joven o anciano?
Nadie lo supo, ya que, como dije antes
su sangre a veces era transparente.
Se volvió totalmente invisible de repente
pues se vio bañado en sangre.
Nadie supo de estos amantes.


Que desaparecieron.

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